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El futuro de la Psicofarmacología

El futuro de la Psicofarmacología

Recientemente se ha celebrado el congreso del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología. Una cita científica importante en el ámbito de la psicofarmacología. En relación con este evento me ha llamado la atención un artículo publicado por Stephen Stahl en su página web. Para aquellos que no lo conozcan Stahl es un conocido psicofarmacólogo que ha publicado innumerables libros sobre el uso de diferentes psicofármacos, y muchos psiquiatras los hemos consultado para aprender a manejar los diferentes tratamientos psiquiátricos de que disponemos. Sus libros se han traducido a numerosos idiomas, por lo que es una autoridad a nivel mundial en este campo.

Stahl describe en su escrito un panorama desolador para el futuro de la psicofarmacología. Se queja amargamente de cómo las grandes compañías farmacéuticas están abandonando la psiquiatría como uno de sus ejes centrales de investigación. Enumera una larga lista de centros de investigación en Europa y Norteamérica que han ido cerrando. Por ello explica que es posible que en poco tiempo la psicofarmacología entre en una auténtica travesía del desierto, en la que no aparezcan productos importantes, y que no se avance de forma significativa. Stahl describe que la gran maquinaria de investigación se está reduciendo y que volver a alcanzar una gran productividad científica puede que tarde una o dos décadas, y por ello esto puede tener repercusiones serias para los pacientes.

En su artículo Stahl menciona las descalificaciones de los grupos antipsiquiátricos, basados en posicionamientos políticos, religiosos, o de otro tipo, y advierte que de seguir así van a conseguir su objetivo: reducir al máximo el uso de psicofármacos. También alude a la mala imagen que tienen las compañías farmacéuticas ante la sociedad, y cómo su presencia ha ido desapareciendo de los congresos científicos. En otro artículo del mismo blog Stahl analiza la situación del DSM5, y reconoce que los avances neurocientíficos no han alcanzado una capacidad predictora importante por lo que todavía es cuestionable su aplicación a la práctica clínica.

La necesidad de la psicofarmacología nadie la cuestiona, y la gran mayoría de los psiquiatras creemos firmemente en ella. Sin embargo, creo que se han cometido errores importantes. Creo que se ha ofrecido un amplio abanico de indicaciones que resulta cuestionable, a pesar de su respaldo empírico que no lo cuestiono. Cuando aparecen medicamentos que tienen indicaciones aprobadas tan variadas como la depresión, el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo compulsivo, etc. U otros que afirman que son eficaces tanto en los cuadros psicóticos como en los trastornos de ansiedad, o en los episodios maníacos, uno empieza a quedarse un poco perplejo ¿Una única molécula actúa sobre tantos trastornos tan diferentes? Por ello surgen las sospechas.

En el American Journal of Psychiatry se recoge un artículo en el que se analiza las tendencias de prescripción de antipsicóticos como ansiolíticos, y vemos que el crecimiento es impresionante. No sería raro que de seguir así empezaran a sustituir a las benzodiacepinas, aunque a un precio –claro está- mucho más elevado para conseguir el mismo efecto terapéutico.

En los 24 años en que llevo en la psiquiatría he visto la irrupción de numerosos fármacos en el mercado. Recuerdo cuando aparecieron los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS), y unos años más tarde los antipsicóticos de segunda generación. Todos fueron grandes avances, sin duda. Y también trajeron imitadores dentro del mismo mecanismo de acción. Pero desde hace unos años tampoco ha habido un medicamento auténticamente rompedor. Estamos en una fase poco productiva en la que se han reinventado algunas moléculas a las que se han realizado pequeños cambios, o se ha modificado la vía de administración. Los profesionales las han visto con escepticismo.

Esperemos que la situación cambie y que la psicofarmacología aporte nuevos avances como los que fueron en su momento el haloperidol, la imipramina, la fluoxetina, o la risperidona. Pero me temo que por ahora esto no va a ocurrir.

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